sábado, 19 de abril de 2014

"No, no eran sus ojos, ni la forma, ni el color, ni siquiera era su mirada.
Creo que muchas mujeres le han alagado sus ojos marrones, pero déjeme decirle con todo respeto y perdóneme si me estoy tomando muchas atribuciones al decirle que no eran sus ojos ni su mirada, era su luz, esa luz que cegaba a cualquier que tuviera oscuridad dentro de sí.
 La forma en que esas dos ventanas se iluminaban cada vez que usted hablaba de lo que le apasionaba o de lo que amaba o cuando hablaba de ella. Perdóneme que le diga, pero ojos así he visto en cada esquina, ¿pero esa luz? Ni en el atardecer más brillante." 

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