sábado, 19 de abril de 2014

"Me gustaría encontrármelo 10 años después, en París o alguna otra ciudad lejana a la que estamos hoy. Observarlo desde la lejanía, tomar un par de fotos de su sonrisa, sacar mi libreta y comenzar a escribir uno que otro poema, seguir sus pasos unas cuadras, pero no, no me acercaría, tampoco lo saludaría, solo le pido a Dios que si he de encontrármelo que sea con una sonrisa, o quizás con el amor de su vida, o con su sueño hecho realidad. Y de lo contrario, si me lo encuentro mal, le pido a Dios que me de el valor de acercarme a él, le regalaría un café y aquella carta que le escribí el día en que se fue, le contaría unas mil aventuras, unas diez penas y unos cuantos chistes, esperaría con el hasta que anocheciera sentados en un parque, adoraríamos la luna , y luego si es que ando de suerte, lo abrazaría muy fuerte, como debí haberlo hecho aquel día y le diría cuantos años esperé este momento". 

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